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domingo, 29 de enero de 2012

Un sol diminuto

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Imaginemos un sol; un sol del tamaño de un grano de arena.
Sostenemos ese sol sobre la punta de nuestro dedo índice. Realmente es difícil determinar su tamaño. Si intentamos tomarlo con los dedos pulgar e índice no podemos sentir más que su calor. Su brillo transparenta nuestros dedos. Si lo encerramos en nuestras palmas podemos ver nuestras venas y la opaca solidez de nuestros huesos.
Por supuesto que un sol de ese tamaño es maravilloso; no es necesario que tenga el tamaño de nuestro sol para serlo. Incluso es mas fácil maravillarse con él, que puede descansar en la superficie de nuestro dedo, que puede transparentar nuestras manos; que con aquél, al que ni siquiera podemos mirar de tan lejos. Solo hace falta imaginarlo.



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viernes, 30 de septiembre de 2011

Juegos Infantiles: escucho rápido

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Por Ijon Tichy.

Cuando tenía unos 4 o 5 años comencé a percibir una anomalía, algo raro o distinto que me invadía (en términos de percepción) espontáneamente, y luego de unos minutos desaparecía. Algo que no iba "bien" de repente.
La dinámica era la siguiente: estaba yo lo más tranquilo realizando cualquier tipo de actividad, solo o acompañado, cuando súbitamente mis sentidos parecían confundidos, percibían a la realidad de otro modo al de siempre, y yo no lograba identificar la diferencia. Luego de un tiempo de padecer esto (tampoco era un padecimiento real en términos de que ni me asustaba, ni me dolía, ni la pasaba especialmente mal, simplemente me confundía), al cabo de unos meses, conseguí trasmitirle a mis padres qué era lo que me sucedía. "Mama, escucho rápido!", fue la frase elegida por mí, esas fueron las palabras que elegí, para describir aquella sensación loca que experimentaba no todos los días, pero casi, inlcuso varias veces en un día. Más aún, llegué a poder elegir cuando tenerlo... me concentraba un momento, me abstraía del aquí y ahora, y volvía a tener esa sensación. Mis padres comenzaron a pedirme un descripción más amplia y detallada, y consultaron con distintos especialistas por su cuenta. Yo jamás me despegué de la explicación "Escucho rápido".
Estas experiencias duraron en mi vida un par de años de forma cotidiana, y luego paulatinamente fueron quedando en el pasado, más allá de que cada tanto al menos, recordaba (y experimentaba de alguna manera) lo que sentía en aquel momento. Me animaría a afirmar que a los 10 u 11 años ya no me pasó más. Incluso lo olvidé por completo durante mucho tiempo.
Hace unos pocos años escuché sobre la sinestesia (en realidad lo vi en un capítulo de "House") e inmediatamente me vino a la mente aquello de ´escuchar rápido´. Googleé y, aparte de interiorisarme sobre los detalles de esta mezcla de sentidos, descubrí que al parecer muchos niños son sinestésicos y luego, al crecer, dejan de serlo.
Hoy estoy convencido de que fue eso lo que experimenté en aquellos años, una mezcla de sentidos. Como si los ojos escuchasen, o vieran los oídos, o ambas.



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La violencia

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Soy feliz, y quiero que me perdonen en este dia los muertos de mi felicidad
(Silvio Rodriguez)


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Pienso en los que han dado su vida por una causa justa
pienso en los que han quitado la vida de otros por una causa justa




La politica es la continuacion de la guerra por otros medios
La paz politica es la cristalizacion de las relaciones de violencia.

La no-violencia un antídoto? No lo creo.
Se acaba acaso, la violencia cuando no la enfrentamos, cuando no enfrentamos el dominio de unos sobre otros?
Acaso escapamos de la violencia asintiendo, claudicando y alimentando el rencor?

Estamos, entonces, destinados a vivir en la violencia?
Entramos acaso, más rapidamente en su dominio cuanto más la rechazamos?

Quizas un mundo sin relaciones de poder es un imposible, nada en este planeta lo representa. Quiźas un mundo de paz politica perpetua es el sueño mayor del totalitarismo. EL sueño que vuelve ácidos los enfrentamientos, que vuelve ácido el corazón de los hombres.

Quizás aceptar lo violento de la propia, de toda, justicia sea un buen paso para evitar tanto odio.


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jueves, 9 de junio de 2011

Muriendo niño

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Desde que nacemos no dejamos de morir, de hacernos viejos, cada dia, cada minuto que pasa.
Envejecer comienza al mismo comienzo de la vida, cada dia que pasa nos acercamos inevitablemente a la vejez, a la muerte. Envejecer es todo lo que hacemos desde nuestro mismo nacimiento.
Al mismo tiempo, al mismo paso del tiempo, lo opuesto es igualmente cierto: no dejamos de ser niños. Ser niños es todo lo que somos hasta que dejamos de ser. Somos niños dejando de serlo, niños que mueren antes inlcuso de terminar la niñez, porque ser niños es todo lo que somos.

Niños muriendo viejos, viejos naciendo niños.



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sábado, 4 de junio de 2011

Dejar hablar la voz

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Hay veces que es preciso hablar, pero otras es mas importante dejar que la voz hable. Porque hay veces que lo importante no es decir algo sino que lo importante sea dicho.
Dejar hablar la voz es un ejercicio de humildad, es justamente no interponerse entre lo que debe ser dicho. Dejar hablar la voz es un ejercicio de renuncia de lo que uno tiene para decir, es un ejercio de entrega que implica poner el propio cuerpo, la propia voz, para que otra voz la habite.
Y cuando es esa voz la que habla no podemos más que escuchar, aprender de esa voz sin tiempo, aprender de esa voz sabia que dice y dibuja paisajes, que dice y crea la vida, que habita y puebla el mundo de los seres de su pensamiento.
Pero primero tenemos que vencer el terror; el terror de hablar con una voz extraña, el terror de ser habitados por algo que es totalmente otro, totalmente ajeno.



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